Arte callejero en Nueva York

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En Nueva York son numerosos los centros que promueven la expresión creativa y desinhibida de la individualidad. Y es que La Gran Manzana es caldo de cultivo para todo tipo de actividades inusuales y alternativas.

El arte callejero, una de las versiones más claras y originales del espíritu de declaración artística de los neoyorquinos, contribuye en gran medida a la riqueza visual y a crear ese paisaje heteróclito de la ciudad.




Nueva York, el lugar del nacimiento del grafiti


Es en la ciudad de Nueva York donde el arte del grafiti ha vivido su verdadero apogeo.

A partir de finales de los años 60, el metro de Nueva York se convirtió en el principal escenario del panorama grafitero, donde firmas a golpe de aerosol se disputaban el espacio en blanco.

Por norma general, los grafitis eran considerados vandalismo callejero, mientras que las autoridades lo consideraban una práctica cuyo principal objetivo era el deterioro de infraestructuras públicas.


En los años 70, las políticas represivas hicieron desaparecer paulatinamente el grafiti del metro de Nueva York, con lo que el grafiti salió al a superficie, y comenzó a tomar las paredes de los barrios más desfavorecidos. Fue justo en este momento cuando el grafiti despegó.

Aunque ilegal en sus orígenes, el arte del grafiti acabó obteniendo reconocimiento público e incluso un marco jurídico legal, de manera que aumentaron los pedidos de grafitis a modo de “frescos” por toda la ciudad e incluso se facilitaron espacios reservados para la práctica.


Una nueva atracción turística


Resulta difícil no emocionarse delante de una obra maestra fruto de la creatividad y la técnica del arte de callejero en Nueva York. Y es que cada vez son más los turistas que vienen a Nueva York fascinados por estas creaciones al aire libre que se localizan en diferentes áreas de la ciudad.

Lo cierto es que son muchos los museos y galerías que también dedican exposiciones y retrospectivas a este tipo de arte, siendo posible disfrutar del grafiti de todas las formas posibles.

Testigo de ello son las numerosas compañías que ofrecen visitas guiadas por la ciudad, que incluso cuentan con mapas de arte de calle de Nueva York y realizan talleres de grafiti abiertos a todos.


Los lugares clave del grafiti


La próxima vez que visite la ciudad y se pregunte qué hacer en Nueva York en su visita, échele un ojo a estos lugares imprescindibles del culto grafitero:



  • 5 Pointz es conocido como The Institute of Higher Burnin' o como el 5 Pointz Aerosol Art Center. Se trata de un espacio de exposición de arte al aire libre que se encuentra ubicado en Long Island City. Puertas, paredes, postes e incluso cubos de la basura revisten los trabajos en constante cambio de artistas neoyorkinos desde hace más de 25 años. Lo cierto es que con el tiempo esta antigua fábrica abandonada se ha convertido en la meca del panorama grafitero. Sin embargo, y muy a nuestro pesar, la 5 Pointz está viviendo sus últimos días, así que si tiene pensado venir a Nueva York, no deje de visitarla antes de su destrucción, prevista de aquí a finales de este año.


  • Crack is Wack, de Keith Haring en East Harlem. En 1986, Haring se vio forzado a pagar una multa de 25 dólares por la realización de un grafiti sobre un muro de un parque de béisbol. Lo curioso de todo esto es que algunos meses después, el servicio que mantenía los parques de la zona se puso en contacto con él para pedirle que terminara el trabajo comenzado. Se trata de un fresco de estética punk que se extiende a los lados de una pared de hormigón. Con el tiempo, este genial grafiti se ha convertido en una obra célebre de las calles de Nueva York.


  • Hunts Point. Este barrio industrial del Bronx es una de las escenas más activas del grafiti de Nueva York. Allí se encuentran algunas de las obras más impresionantes por su riqueza creativa y su técnica, como también por su gigantesca amplitud y por sus artistas, encontrándose los más reconocidos de toda la ciudad.



  • Love Letter to Brooklyn es una obra de Stephen Powers que toma por lienzo un aparcamiento de pisos de Brooklyn. Stephen Powers y su equipo cubrieron sus muros y pasarelas de frases caprichosas en letras versalitas negras, inspiradas en fragmentos de conversaciones con los habitantes locales. Un proyecto de comunidad de los que aportan nueva energía a las zonas en declive.

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